miércoles, 26 de julio de 2017

EL EJEMPLO DE UNA UTOPÍA



En 1979 Juan Manuel Sánchez Gordillo es elegido alcalde de Marinaleda. Posteriormente, en 1980, los marinaleños comenzaron una huelga de hambre de 13 días que dio la vuelta al mundo y con la que reclamaban tierras ociosas para trabajarlas. Más de 30 años después, en las tierras ocupadas, por entonces propiedad del duque del Infantado, trabaja hoy una cooperativa de vecinos que genera empleo discontinuo estable y es el principal motor económico de la localidad. La lucha, pacífica de principio a fin, acabó con la compra de las tierras a su dueño, que la Junta de Andalucía pagó a precio de mercado. Desde entonces, el aceite y las verduras que hoy recolecta la Cooperativa de El Humoso en Marinaleda son a su vez tratadas y envasadas en la misma localidad, en la fábrica de la Cooperativa Humar. Da trabajo a más de cuatrocientas personas, en su mayoría mujeres, no hay diferencias salariales y es un referente en la gestión colectiva de los medios de producción y en la generación de riqueza y empleo digno al servicio de la gente de un pueblo.

Desde hace más de tres décadas este es un ejemplo claro de cómo las cosas pueden funcionar de una forma diferente, de cómo la producción puede beneficiar a todas y no a unos pocos. Por este motivo, el ejemplo de este pueblo es silenciado por los grandes medios de comunicación, es perverso para el capitalismo y les da miedo que este precedente pueda expandirse a más localidades.

Ahora, por fin, los productos de esta cooperativa llegan a Cataluña, de la mano de una persona valiente, Marcos Caurel. Y digo valiente porque, hoy en día, tirarse a la piscina del mundo comercial para tener un trabajo digno, no deja de ser una aventura arriesgada, ya que no existe una política adecuada para facilitar el autoempleo. Marcos ha creado una pequeña empresa, bajo el nombre Terra d’Oliveres (Tierra de Olivos) donde comercializa y distribuye los productos de Marinaleda. Vende productos de calidad, ecológicos y solidarios. Vende compromiso y lucha. Vende esperanza. Vende dignidad.

Consumir dichos artículos no es solamente disfrutar de buenos productos, de alimentarse de forma saludable. No. Consumir este género es apostar por otro mundo posible, es apostar por la honorabilidad, es confirmar la solidaridad y es mantener la lucha de todo un pueblo que un día se lanzó al campo para defender su dignidad bajo el lema: “la tierra para quién la trabaja”.

Te invito a entrar en la web www.terradoliveres.com y te animo a comprar los buenos aceites y conservas de los marinaleños. Disfruta de estos buenos productos al mismo tiempo que dignificas el trabajo de todo un pueblo y reconoces la decencia de una persona que decidió traer a Cataluña el ejemplo de una utopía.


Julio Suárez
La Guerrilla Comunicacional

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